Los tres resuelven el mismo problema por caminos distintos. Elegir bien es, sobre todo, saber cuál de los tres caminos es el tuyo.
Polylang: duplicar contenido
Polylang no traduce: organiza. Cada entrada tiene su gemela en otro idioma y tú las enlazas. Es sólido, su versión base es gratuita y para quien escribe cada idioma por separado —porque el mensaje cambia según el mercado— es exactamente lo que necesita.
El límite: alguien tiene que escribir ese contenido. Si tienes trescientos artículos y esperas que aparezcan en inglés, Polylang solo no lo hace; necesitas complementos de terceros para la traducción automática.
WPML: el traje a medida
WPML es el veterano y cubre casi cualquier escenario: multisitio, traducción encargada a agencias profesionales, flujos de aprobación, compatibilidad con prácticamente todo el ecosistema.
El precio de eso es una configuración inicial densa y una curva de aprendizaje real. Es la elección correcta para proyectos grandes con alguien dedicado a mantenerlos, y probablemente demasiada herramienta para una web de veinte páginas.
WP-Translate: traducir y revisar
El planteamiento es el contrario al de WPML: que el sitio esté traducido hoy y se pula después. Lanzas la traducción automática de todo, el plugin marca lo traducido como pendiente de revisar y tú corriges sobre la propia web lo que se ve y lo que vende.
El límite: si necesitas que cada idioma tenga contenido distinto —no traducido, sino escrito aparte—, el planteamiento de Polylang encaja mejor.
Tabla de decisión rápida
- Cada idioma con su propio contenido, escrito a mano → Polylang.
- Proyecto grande, equipo dedicado, traducción profesional externa → WPML.
- Mismo contenido en varios idiomas, cuanto antes y sin curva de aprendizaje → WP-Translate.
Sobre el coste
Polylang tiene versión gratuita; su versión Pro y WPML van por suscripción anual. WP-Translate es pago único con licencia de por vida. Si el proyecto va a durar años, esa diferencia se acumula; si es una web puntual, pesa menos que la comodidad de cada herramienta.
Ninguno de los tres es una mala elección. Lo que sí sale caro es elegir por precio y descubrir a los dos meses que el flujo de trabajo no era el tuyo.