Pides presupuesto para traducir la web al inglés y te lo pasan por página. Entonces empiezas a contar páginas, a tachar las que «no hacen falta», y acabas con media web en inglés y media en español. Que es la peor de las opciones posibles.
No es que el presupuesto esté mal hecho. Es que la unidad —la página— no encaja con cómo funciona una web, que crece.
Al grano: poner en dos idiomas una web de 20 páginas cuesta de 600 a 1.200 € con un traductor profesional, más lo que publiques después; una cuota cada año con un servicio en la nube; o un taliad untro (desde 89 € con WP-Translate) más tu tiempo para revisar lo importante. A tres años, la diferencia está en lo que publiques después, no en la primera factura.
Un ejemplo con números: una web de 20 páginas
Una web de empresa normal tiene unas 20 páginas de unas 500 palabras: 10.000 palabras en total, sin contar menús, formularios ni correos. Así sale pasarla a un segundo idioma con cada modelo:
| Modelo | Primer año | A tres años | Lo que publiques después |
|---|---|---|---|
| Traductor profesional (0,06–0,12 € por palabra) | 600–1.200 € | lo mismo + cada página nueva | se presupuesta y se paga aparte |
| Servicio de traducción en la nube | una cuota anual | tres cuotas, y suben con las palabras | entra mientras pagues |
| Plugin de pago único (WP-Translate) | 89 € | 89 € | entra sin pagar más |
La tarifa por palabra es orientativa: varía con el idioma, la especialidad del texto y la urgencia. Y no incluye lo de la lista de abajo, que es justo lo que suele faltar.
Los tres modelos que te vas a encontrar
1. Por palabra o por página
Es el modelo clásico de agencia y de traductor profesional. Tiene una ventaja real: lo traduce una persona, y para textos de marca, legales o técnicos eso se nota.
El problema no es el precio, es la forma: pagas por un volumen cerrado. Cuando publiques la siguiente entrada del blog, la siguiente ficha de producto o cambies el texto de la home, vuelves a pedir presupuesto. Y como pedir presupuesto da pereza, se acumulan las páginas sin traducir hasta que el idioma nuevo se queda a medias.
2. Suscripción mensual
Es el modelo de la mayoría de servicios de traducción web en la nube. Pagas al mes, normalmente por número de palabras traducidas o por idiomas activos.
Funciona bien mientras pagas. El día que dejas de pagar, en muchos de estos servicios las traducciones dejan de servirse, porque no están en tu web: están en el servidor de ellos y llegan por un proxy o por JavaScript. Antes de contratar uno, la pregunta que hay que hacer es literalmente esa: si cancelo, ¿qué pasa con las páginas traducidas?
3. Pago único, dentro de tu WordPress
Es el modelo de un plugin con licencia. Pagas una vez, el plugin vive en tu instalación y las traducciones se guardan en tu base de datos. Traduces las páginas que quieras, las veces que quieras, y las nuevas entran igual.
Lo honesto es decir también dónde flojea: la traducción la hace una IA. Para la mayoría de la web va sobrada, pero los textos legales y los mensajes donde te juegas la marca conviene revisarlos, no publicarlos a ciegas.
Lo que casi nunca entra en el presupuesto
Aquí está la letra pequeña que descuadra el cálculo. Cuando alguien presupuesta «la web», suele estar contando el contenido de las páginas. Pero una web es bastante más:
- El menú y los botones. Lo primero que ve el visitante y lo último que se traduce.
- Los formularios. Etiquetas, placeholders, el texto del botón y el «gracias, hemos recibido tu mensaje».
- Los metadatos de Google. El meta título y la meta descripción viven en Yoast o Rank Math, no en el contenido. Son lo único que lee quien decide si hace clic.
- Los slugs. Si la URL sigue en español, la versión traducida arranca coja para el buscador.
- Los correos. En una tienda, la confirmación de pedido, el aviso de envío y la factura.
- Las cadenas del tema. «Leer más», «Buscar», «Página siguiente», las migas de pan.
Si el presupuesto que te han pasado no menciona nada de esto, no es que sea barato: es que está contando otra cosa.
Cómo comparar de verdad
Pon los tres modelos a tres años vista, no a la primera factura, y contesta a cuatro preguntas:
- ¿Qué pasa con lo que publique el año que viene? ¿Entra o vuelvo a pagar?
- ¿De quién son las traducciones? ¿Están en mi base de datos o en un servidor de otro?
- ¿Incluye menús, formularios, metadatos y correos?
- ¿Puedo corregir una frase yo mismo, hoy, sin pedírselo a nadie?
Esas cuatro respuestas separan más los presupuestos que la cifra de abajo del todo.
¿Sale más barato hacer la web en dos idiomas desde el principio?
Sí. Si la web nace con dos idiomas, las URL, el menú, los formularios y los correos se piensan una vez. Si el idioma llega después, hay que repasar todo eso a mano, y es donde se va el tiempo (y el dinero) que nadie presupuestó.
Dónde está WP Translate
WP Translate es el tercer modelo: pago único, sin suscripción, dentro de tu WordPress. Traduce el contenido con IA y te deja revisarlo desde el editor visual; menús, formularios, metadatos, slugs y correos entran según el plan. Y si un día dejas de actualizar, lo traducido sigue en tu base de datos, porque nunca estuvo en otro sitio.
Hay además una versión gratuita en WordPress.org para probar cómo se comporta en tu web antes de pagar nada. Los planes están en la página de precios.
Preguntas frecuentes
¿Cuánto cuesta traducir una web al inglés?
Con un traductor profesional, entre 0,06 y 0,12 € por palabra como referencia: una web de 10.000 palabras sale por 600–1.200 €. Con un plugin de traducción automática, lo que cueste la licencia, más el tiempo de revisar las páginas que venden.
¿Google penaliza la traducción automática?
No por ser automática. Lo que Google no quiere es contenido que no ayuda a nadie. Revisa lo que vende (precios, fichas, textos legales) y deja que la IA haga el resto.
¿Qué pasa con las traducciones si dejo de pagar?
Depende de dónde vivan. Con un servicio en la nube, en muchos casos dejan de verse. Con un plugin que las guarda en tu base de datos, siguen ahí.